lunes, 26 de octubre de 2015

El olvido está lleno de memoria

Hace exactamente 76 años en nuestro país ganó el miedo y perdió la libertad. El bando nacional sublevado aquel fatídico 18 de julio de 1936 ganó una guerra que jamás debía haber empezado. Una guerra que liquidó las esperanzas que gran parte de la sociedad española había depositado en la reciente instaurada democracia. Una guerra que dinamitó el gobierno democráticamente elegido por sufragio universal y que impuso una de las mayores dictaduras del siglo XX en Europa occidental. Una guerra que, en definitiva, se podría resumir con palabras como dolor, sufrimiento, muerte, represión, confrontación…Supongo que como todas las guerras.

Tanto la Guerra Civil como la Segunda República Española nos enseñaron que se puede tener razón y aun así ser derrotado. Que hay ideas, y sobre todo personas, que van a un ritmo avanzado para el ser humano; y que hay ideas, y sobre todo personas, que son reaccionarios por naturaleza. En este caso, chocaron estas dos formas de ver el mundo, de actuar frente a la vida, y claro…el resultado fueron 500.000 muertos y otros tantos exiliados.

Creo que matar es una de las cosas más horrendas que puede hacer el ser humano. Matar y robar la infancia a un niño...Nunca he podido entender que en pleno 2015 todavía no esté incorporado en el Código Penal este último caso. Cuando hablamos de asesinatos no me gusta dar números porque sí, sino que prefiero ver más allá de los números. Sé que no es un don que tengamos muchas personas, pero a mí me gusta empatizar con los muertos, porque sé que cada uno de ellos guarda dentro de sí mismo sueños, ilusiones y esperanzas que nunca se podrán hacer realidad. Y más si tenemos en cuenta que no han fallecido por muerte natural, sino por muerte violenta, en este caso, por una guerra civil.

Ahí es adonde quería llegar yo, a los muertos. Especialmente a los desaparecidos, a los de las cunetas, a los de las fosas comunes, a los fusilados…En definitiva, a los muertos de la vergüenza. España, por si no lo sabéis, es el segundo país con más fosas comunes del mundo, solo superado por Camboya. No nos hemos conformado solo con ser líderes en desigualdad social y desempleo, sino que también hemos querido serlo en desaparecidos. Y no será por las veces que nos ha dicho la ONU que debemos hacer urgentemente una comisión que investigue los crímenes del franquismo. Esto se parece a una relación paterno-filial: solo le hacemos caso cuando nos conviene.

No es mi intención, ni mucho menos, convertir a los muertos republicanos en muertos de primera y a los franquistas en muertos de segunda. Mi única intención es conseguir que miles de familiares puedan enterrar dignamente a sus muertos. Ahora mismo, los familiares de los muertos republicanos no saben dónde llevarles flores, porque España está llena de cunetas. Además, no hay ninguna placa que recuerde sus nombres, a no ser que todos los que descansan allí se llamen A-3 o Autovía de Valencia.

Otro tema de gran controversia es qué hacer con los muertos republicanos que están enterrados en el Valle de los Caídos. No sorprende que haya muchas personas que reclamen para las víctimas del terrorismo un respeto que sin ninguna duda merecen, pero lo que sí sorprende es que esas mismas personas no sean capaces de reclamar ese mismo respeto para las víctimas franquistas. Yo creo que piensan que el dolor es como un yogur, cuando pasa el tiempo caduca. Tiene que ser eso, porque si no podríamos pensar que hay que ser muy cruel para exigir a las víctimas del franquismo que acepten una situación que nadie se atrevería a imaginar en el caso de las víctimas de ETA, estar enterrados junto a sus asesinos.

Asimismo, e hilando con el tema de las víctimas de ETA, ni en mis peores pesadillas podría imaginarme ir paseando por las calles de mi Vitoria natal y encontrarme una calle con el nombre de un etarra. Pues bien, eso mismo tenemos que sufrir millones de españoles al pasear por calles de pueblos y ciudades que tienen por nombre generales falangistas y asesinos. Parece algo surrealista, pero infaustamente está pasando en España. ¿Os imagináis ir paseando por las calles de Berlín y encontraros una calle con el nombre de Hitler? De nuevo, el lema “Spain is different” vuelve a cobrar sentido.



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