Hace
exactamente 76 años en nuestro país ganó el miedo y perdió la libertad. El
bando nacional sublevado aquel fatídico 18 de julio de 1936 ganó una guerra que
jamás debía haber empezado. Una guerra que liquidó las esperanzas que gran parte
de la sociedad española había depositado en la reciente instaurada democracia.
Una guerra que dinamitó el gobierno democráticamente elegido por sufragio
universal y que impuso una de las mayores dictaduras del siglo XX en Europa
occidental. Una guerra que, en definitiva, se podría resumir con palabras como
dolor, sufrimiento, muerte, represión, confrontación…Supongo que como todas las
guerras.
Tanto
la Guerra Civil como la Segunda República Española nos enseñaron que se puede
tener razón y aun así ser derrotado. Que hay ideas, y sobre todo personas, que
van a un ritmo avanzado para el ser humano; y que hay ideas, y sobre todo
personas, que son reaccionarios por naturaleza. En este caso, chocaron estas
dos formas de ver el mundo, de actuar frente a la vida, y claro…el resultado
fueron 500.000 muertos y otros tantos exiliados.
Creo
que matar es una de las cosas más horrendas que puede hacer el ser humano.
Matar y robar la infancia a un niño...Nunca he podido entender que en pleno
2015 todavía no esté incorporado en el Código Penal este último caso. Cuando
hablamos de asesinatos no me gusta dar números porque sí, sino que prefiero ver
más allá de los números. Sé que no es un don que tengamos muchas personas, pero
a mí me gusta empatizar con los muertos, porque sé que cada uno de ellos guarda
dentro de sí mismo sueños, ilusiones y esperanzas que nunca se podrán hacer
realidad. Y más si tenemos en cuenta que no han fallecido por muerte natural,
sino por muerte violenta, en este caso, por una guerra civil.
Ahí
es adonde quería llegar yo, a los muertos. Especialmente a los desaparecidos, a
los de las cunetas, a los de las fosas comunes, a los fusilados…En definitiva,
a los muertos de la vergüenza. España, por si no lo sabéis, es el segundo país
con más fosas comunes del mundo, solo superado por Camboya. No nos hemos
conformado solo con ser líderes en desigualdad social y desempleo, sino que
también hemos querido serlo en desaparecidos. Y no será por las veces que nos
ha dicho la ONU que debemos hacer urgentemente una comisión que investigue los
crímenes del franquismo. Esto se parece a una relación paterno-filial: solo le
hacemos caso cuando nos conviene.
No
es mi intención, ni mucho menos, convertir a los muertos republicanos en
muertos de primera y a los franquistas en muertos de segunda. Mi única
intención es conseguir que miles de familiares puedan enterrar dignamente a sus
muertos. Ahora mismo, los familiares de los muertos republicanos no saben dónde
llevarles flores, porque España está llena de cunetas. Además, no hay ninguna
placa que recuerde sus nombres, a no ser que todos los que descansan allí se
llamen A-3 o Autovía de Valencia.
Otro
tema de gran controversia es qué hacer con los muertos republicanos que están
enterrados en el Valle de los Caídos. No sorprende que haya muchas personas que
reclamen para las víctimas del terrorismo un respeto que sin ninguna duda merecen,
pero lo que sí sorprende es que esas mismas personas no sean capaces de
reclamar ese mismo respeto para las víctimas franquistas. Yo creo que piensan
que el dolor es como un yogur, cuando pasa el tiempo caduca. Tiene que ser eso,
porque si no podríamos pensar que hay que ser muy cruel para exigir a las
víctimas del franquismo que acepten una situación que nadie se atrevería a
imaginar en el caso de las víctimas de ETA, estar enterrados junto a sus
asesinos.
Asimismo,
e hilando con el tema de las víctimas de ETA, ni en mis peores pesadillas
podría imaginarme ir paseando por las calles de mi Vitoria natal y encontrarme
una calle con el nombre de un etarra. Pues bien, eso mismo tenemos que sufrir
millones de españoles al pasear por calles de pueblos y ciudades que tienen por
nombre generales falangistas y asesinos. Parece algo surrealista, pero
infaustamente está pasando en España. ¿Os imagináis ir paseando por las calles
de Berlín y encontraros una calle con el nombre de Hitler? De nuevo, el lema “Spain
is different” vuelve a cobrar sentido.
